
Mesa Redonda “Los orígenes de la nixtamalización en las culturas prehispánicas” 4 y 5 de agosto 2016
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desayunar en la capital del estado de Tlaxcala. Para nuestra sorpresa, las tres reinas de la fiesta de Ixtenco estaban desayunando ahí, en los portales, con su característica blusa de pepenado, un ceñidor bordado a la cintura sosteniendo el enredo y un rebozo. Completaban el ajuar una corona de las que se adquieren en el comercio para estos menesteres. Era el mediodía y las reinas habían ido a que las entrevistaran en radio Tlaxcala, en donde dieron cuenta de la importancia y desenvolvimiento de la fiesta.
días en los que se organiza la fiesta patronal de San Juan, que inicia con la novena dedicada al santo y que es el contexto en el que se inscribe este comentario. Se trata de un pueblo de origen prehispánico, aunque se reconoce su fundación “oficial” por parte de caciques españoles en 1532. Su historia va muy unida a la de Huamantla, pueblo del cual dista unos diez kilómetros. Ixtenco se localiza al pie de la montaña Malitzin y, de hecho, entre sus principales deidades se recuerda a la señora de las faldas azules que se convirtió en montaña. Su clima es templado subhúmedo, se encuentra a 2500 msnm y disfruta de un manantial que nace en las faldas de la Malitzin. Algunos de los árboles que rodean el poblado son sauce, fresno, capulín, álamo blanco, cedro y pirú.
fuegos artificiales de gran lucimiento y primeros bailes. Este festejo continuó hasta el 1 de julio con jaripeos y bandas. Esta devoción a San Juan Bautista se extiende durante un mes hasta que llega el recibimiento de la responsabilidad de organizar la celebración el siguiente año por parte de los nuevos matumas. Dicha responsabilidad se turna por los barrios, que son: San Antonio primero y segundo, Santiago, San Juan primero y segundo, San Gabriel primero y segundo, Resurrección primero y segundo; el año próximo le toca a San Antonio.

sólo que San Juan es un reducto de la etnia otomí en medio de otros pueblos nahuas y por eso los organizadores de la fiesta son los matumas y no los mayordomos, aunque el sentido es el mismo: tener la devoción, la decisión familiar y los recursos económicos para honrar al santo patrono en sus días.
(pencas horneadas de maguey), así constatamos que en San Juan se conservan huertos frutales de importancia. Durante el día se fueron instalando puestos de loza elaborada con barro vidriado: ollas para hacer atole y también para poner los tamales a cocer agregándole un sostén de madera que se coloca al fondo de la olla y que es donde se depositan los tamales que se cuecen con el vapor de agua; jarritos de diversos tamaños, cazuelas, pequeños vasos para tequila, tarros para el pulque, cochinitos y otras figuras de alcancía para el ahorro son algunos de los cacharros que se ofrecían en unos cinco puestos procedentes del vecino estado de Puebla.
El otro giro importante de venta es el pan que llega de diferentes puntos de Tlaxcala: San Juan Totolac y San Juan Huactzinco. El pan se hace de mantequilla, de nuez, de huevo, de nata y natural. Para conservarlo fresco se coloca en una bolsa de plástico cubierto con hojas de zapote blanco.


Las cualidades artesanales de la gente de San Juan se aprecian mucho en los murales de semillas y los arcos que se encontraban colocados a la entrada de la iglesia. A un lado de la cruz atrial, cubiertos por un tinglado había tres murales de semillas de maíz, de por lo menos cuatro colores, y de frijol de diferentes tipos, acompañados de chía, alverjón, lenteja, semilla de calabaza y cañuela de maíz. Éstos habían sido elaborados por grupos de diez o más personas que trabajan en ellos por promesa a San Juan. Algunas de las delicadas alegorías que se elaboran con semillas pueden verse en las fotografías que acompañan esta nota.






or un camino tapizado con arenilla de colores se iba de la plaza hacia la casa de los matumas. Apenas llegar ahí, todo era movimiento: había familias comiendo en largas mesas de tablones y personas mayores con sus pequeños recipientes, de barro o de peltre, esperando a que por lo menos se les sirviera un poco del mole tradicional que se había cocinado para la ocasión, con una res, decenas de pollos, chile ancho, chile guajillo y especies. Grandes cestos con tortillas también se servían por parte de las anfitrionas. 

día para lograr la cualidad de ese atole, también hay tamales hechos sólo con manteca envueltos en hoja de maíz.
iglos atrás. En la huasteca se les ponía a las niñas recién nacidas un brazalete hecho con corteza de jobo (Spondias mombin) para que tuvieran la virtud de que la masa elaborada por ellas se agriara sólo en un día. Una forma de agriar el maíz para atole en Yucatán era poner a remojar el maíz ya molido con agua toda la noche. En otra receta se divid
e la masa de maíz mezclada con agua en dos porciones iguales, una de las cuales se hierve para añadirle después la parte que no se hirvió, y todo se deja reposar durante la noche. Al amanecer, la mezcla se pone a hervir una vez más (Coe, 2004: 201). En el sur de Yucatán una forma de elaborar este atole es poner el maíz tierno molido en agua durante la noche junto con una jícara pequeña (Lagenaria siceraria) y dejarlo hervir suavemente dándole vueltas al precipitado durante su cocimiento.
Coe, S. D. (2004). Las primeras cocinas de América. México, Fondo de Cultura Económica.
http://starmedios.com/municipios/ixtenco–histo.html