Presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica

Carmen Morales Valderrama

María Fernanda Mendoza Yepez

Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH

Cartel de la segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica, en el Museo Nacional de las Culturas-INAH.

Cartel de la segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica, en el Museo Nacional de las Culturas-INAH.

Primera presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica

El 29 de junio nos reunimos en el auditorio que fue dedicado al que se considera el primer etnógrafo en tierras americanas, Fray Bernardino de Sahagún, que funcionó por muchos años como recinto de asambleas y recepciones profesionales para los estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología, lo que nos trae muchos y significativos recuerdos a los egresados hasta el año de 1979, cuando la escuela se cambió de lugar. Esto lo consideramos un privilegio que debemos a los buenos oficios de la Subdirección de Vinculación de la Coordinación Nacional de Antropología, desde luego a la doctora Paloma Bonfil y a las maestras Noemí Cadena y Adriana Medina.

En este 2019 se están celebrando los 80 años de fundación del Instituto y en ese marco cabe recordar cómo se han ido forjando estos espacios de trabajo que son los seminarios y en particular el Seminario Cultura y Alimentación (DEAS) que se fundó en el 2011 y que felizmente ha dado a luz el libro Cocina Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica cuya presentación tenemos el honor de celebrar.

La dinámica de trabajo que se ha llevado a cabo consiste en que los integrantes del seminario se reúnen cada mes para comentar lecturas, escuchar ponencias, que son producto de investigaciones que están en curso o que se han concluido ya sea en la propia DEAS o en instituciones afines, pero que inciden en la temática central del seminario. Se organizan anualmente ciclos de conferencias o encuentros académicos como “Estrategias ante el hambre” que se llevó a cabo el 1 julio de este año en la sala Guillermo Bonfil de la Coordinación de Antropología.

Fotografía de los autores y comentaristas del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografía de los autores y comentaristas del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografías de la recepción y venta del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografías de la recepción y venta del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Los orígenes de este libro están en la organización del Simposio Cultura y Alimentación en México, que tuvo lugar en mayo de 2012, en el cual los asistentes coincidimos en que fue positivo el nombramiento de la cocina mexicana como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad (UNESCO, 2010) porque abriría las puertas para dar una visibilidad a esa comida y a sus protagonistas: las cocineras tradicionales de las comunidades rurales, de los barrios y otros lugares de consumo alimentario. También pensamos que reforzaría la preservación del patrimonio biocultural que está en la base de los alimentos. Sin embargo, el surgimiento de restaurantes dedicados a la cocina gourmet mexicana, los festivales que se organizaron en Morelia y otros lugares de encuentro gastronómico financiados oficialmente hicieron pensar que los favorecidos con la declaratoria más bien han sido agentes que cuentan con medios de difusión, apoyos gubernamentales y privados para presentar, como en un escaparate, la folclorización de determinados platillos, dejando en la marginalidad la producción y los productores de alimentos de las regiones y contextos sociales de donde surgen las cocinas tradicionales.

Fotografía de la presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografía de la presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografías de las autoras Edelmira Linares (izquierda) y Esmeralda Herrera (derecha).

Fotografías de las autoras Edelmira Linares (izquierda) y Esmeralda Herrera (derecha).

Fotografía de Yuriria Iturriaga recibiendo su constancia por participar en la presentación.

Fotografía de Yuriria Iturriaga recibiendo su constancia por participar en la presentación.

¿Cómo retomar desde sus raíces la comida mexicana?

La respuesta con la que se ha orientados esta obra es: investigando y difundiendo sus bases biológicas y el aprovechamiento de estos recursos por parte de las comunidades en el sentido de cómo se organizan para recolectar, cazar, y cultivar en diferentes contextos ecológicos y culturales; por otra parte elaborando análisis etnográficos sobre qué saberes están de por medio y qué modos de hacer permiten su transformación en comidas y bebidas nutritivas.

Por otro lado, los historiadores nos han mostrado en general y en este libro en particular, incluido los artículos de Guy Rozat que se encuentran en este Blog: Los cambios alimentarios en Jalapa propiciados por las guerras de Independencia (2015,Octubre); El abasto de Carne en Xalapa a fines del siglo XVIII (2016, Abril); Modelos para el consumo del pan en Xalapa a fines de la Colonia (2016, Abril); Alimentación, comida, cocina y gastronomía (2016, Abril) el cómo la comida mexicana tiene un devenir histórico que es rescatable desde los códices del México antiguo, pasando por los recetarios y otros registros de los siglos XVIII y XIX hasta las modernas enciclopedias y recetarios en línea que hoy abundan. La historia económica y cultural de cada región, sin duda, influyen en su alimentación.

Con estos antecedentes los invitamos al Tercer Encuentro Gastronómico, Costa de Marfil, sazón y culturas, que tendrá lugar en el Museo Nacional de las Culturas-INAH. Allí realizaremos una segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica el 23 de agosto a las 16:00 h, en la Biblioteca Pedro Bosch Gimpera.

Los esperamos.   

La fiesta de San Juan Ixtenco, Tlaxcala: los alimentos rituales

La fiesta de San Juan Ixtenco, Tlaxcala: los alimentos rituales

Carmen Morales Valderrama

Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH

Al llegar a San Juan y recorrerlo en estos días, nos sorprenden los maíces con su verdor de junio. El poeta Salvador Novo lo ha dicho: “saludan con sus bracitos rotos, aunque aún no relucen los copetitos amarillos, pues se sembraron hace dos meses o un poco más, todavía son pequeños como niños”[1] (figura 1). En este pueblo de maiceros es raro ver un terreno, sea en medio de las casas o en las tierras que lo rodean, que no esté sembrado, como puede observarse en las imágenes.

Por ser el día de San Juan, que está vez cayó en sábado, la lluvia sólo se detuvo por la mañana para que los integrantes de la comunidad y los artesanos contratados para la fiesta llevarán a cabo sus tareas: elaborar las alfombras de aserrín que cubren las calles principales por las que pasará la procesión; guindar hiladas de primorosas banderillas de papel recortado o de plástico que cruzan la calles de un lado a otro y que varían según el gusto de los vecinos que se pusieron de acuerdo para adornar.

[1] La siembra de maíz es en el mes de abril e inclusive a principios de mayo, según nos comentó doña Guadalupe Baltazar, cronista del pueblo.

 

En la calle principal, que llega a la puerta de la iglesia, pueden distinguirse tres arcos y tres tipos de papel o plástico recortado, que culminan en la reja de la iglesia y en la puerta, adornadas a su vez con otros dos arcos. En uno de los lienzos se ven los principales temas del pepenado, que es el tipo de bordado característico, orgullo de los sanjuanenses.

Junto a la puerta principal de la iglesia se instalaron dos grandes lienzos, así llamados en el pueblo, elaborados con semillas. Una corresponde a la Virgen de Guadalupe y otro a San Juan. La diversidad y cantidad de semillas empleadas en estas obras de arte puede apreciarse en algunas de las imágenes También en la capilla  dedicada a San Juan, que se encuentra a un costado del parque, se puso un lienzo muy artístico en el que se representa a Jesús Nazareno cuando lo bautizó Juan el Bautista. Aquí destacan cinco tipos de maíz que son de lo más apreciados por los cultivadores de Ixtenco y también llama la atención el movimiento de las aguas, simulado con maíz azul, que se logró con gran maestría. No hay un cálculo sobre la cantidad de maíces especiales que se usan para los lienzos, pero sería conveniente hacerlo. Sus fieles acompañantes son otras semillas: chía, frijol, calabaza, alverjòn, mijo, arroz, linaza, amaranto y granillo (una gravilla blanca). La elaboración de artesanías de totomoxtle, de bonitas piezas de bisutería que se venden ahí mismos, así como de las bebidas y comidas especiales de la fiesta de San Juan, son los principales usos del maíz que con tantos cuidados se cultiva todo el año. Aparentemente, para hacer tortillas se recurre a la compra de maíz que llega de otros lugares.

La fiesta de San Juan comprende varios días, lo cual puede verse en las mantas del Palacio Municipal y en los programas que se pegan en la puerta de la iglesia. Esta vez principiaron el 16 de junio y concluyeron el 1 de julio. Para quien quiera informarse del programa también se encuentra una dirección en internet: http://enterate.sndigital.mx/secciones/agenda-del-dia/5409-programa-de-feria-ixtenco-2017

Durante ese período festivo prácticamente todo el pueblo se organiza para que haya gran lucimiento en las calles, las iglesias y las casas. Durante el día son las procesiones y misas, precedidas por el repiqueteo de campanas, el olor de vistosos gladiolos rojos y los cantos de los devotos y aires de las bandas las que imponen el sentido religioso de la fiesta; por la noche se programan una serie de espectáculos: música de bandas de viento y también de bandas gruperas que amenizan los bailes. La quema del castillo, el torito y el baile de “la matachina”, son otro espectáculo esperado.

 

En las procesiones se lleva al frente la imagen pequeña de San Juan en un nicho llamado “El Águila” y otra persona de la mayordomía lleva “El Plato” con la “Concha”. También se carga un borrego pequeño y le acompañan ceras, flores y el huéhuetl que marca con su sonido profundo los cantos religiosos en español. A la mayordomía pueden entrar todos los que viven en el barrio al que le tocó la fiesta, de manera que son muchos compadritos y comadritas los que se proponen aportar su dinero y trabajo para el gran lucimiento de la festividad. Sin embargo hay mayordomos principales y diputados, que son los que dan las mayores aportaciones a la fiesta. Igualmente, hay personas, sobre todo de avanzada edad que no pueden dar una cuota fija, pero que asisten el mero día de la fiesta y en la octava, a dejar su aportación y recoger sus tamales, atoles y guisos ceremoniales. Esta vez han sido dos barrios: San Antonio I y San Antonio II, los que se han hecho cargo y que en algunos momentos entran en competencia para brindar lo mejor, tanto en comida como en música y atenciones al pueblo y sus invitados.

 

Las comidas ceremoniales

De las comidas especiales que se usan en estas fiestas patronales destacan el atole y los tamalitos que se dan durante toda la novena que se dedica a San Juan. Como visitantes tuvimos oportunidad de probarlos, gracias a los mayordomos principales de San Antonio I, al concluir la primera misa del día 24, que es la que mensualmente se dedica a San Juan. El atole está hecho con maíz morado o negro y su elaboración es muy cuidadosa: primero se remoja el maíz y después se muele, se cuela varias veces, ya sea con una tela muy fina o con tela de bolsa de plástico, se deja fermentar y después se condimenta con canela y piloncillo, a veces se le agrega azúcar. Su color y sabor son originales, con un ligero agrio y de consistencia fina. Los tamalitos de maíz llevan un molito rojo La forma tradicional de servir el atole agrio es en un plato hondo como escudilla, cajete, agregando frijoles ayocotes o habas cocidas, pero al haber cientos de visitantes durante la fiesta patronal, se sirven en un vaso de unicel  generalmente solo. Los tamales de la mañana sí tienen carne, pero los del medio día son aplanados y largos, sin carne (“tontos”).

El cómo se elabora el mole de matuma, también llamado de ladrillo debido a su color, y que se reconoce como la comida de los mayordomos, es un secreto de las mujeres de la mayordomía y prefieren conservarlo así pues consideran que es algo muy especial de su pueblo y no desean compartirlo con “gente de fuera”  Informalmente se nos dijo que es un caldo de res con chile, espesado con maíz y que lleva otros condimentos. Alguien comentó que se consume una res entera y una vez que el matuma está listo (a las once de la mañana, más o menos), el primer plato que se sirve se ofrenda en el altar de San Juan que se ha dispuesto cuidadosamente en casa de los mayordomos, por supuesto que se ofrendan a la vez tortillas, blancas y grandes, envueltas cuidadosamente en una servilleta bordada. Esta comida también se acompaña con unos tamales llamados “tontos” porque no tienen carne ni mole, sólo llevan manteca y anís, además su forma es larga y delgada comparada con otros.

En San Juan se conserva la tradición de hacer atoles con diferentes maíces, uno es el blanco que se elabora con maíz cacahuacintle con azúcar y canela y otro el atole de maíz, que se prepara con maíz rojo.

Más espacios de encuentro

La carrera en honor de San Juan, que comprende 12 kilómetros y se lleva a cabo el día 25, lo organiza el Club Atlético de San Juan y es muy importante porque asisten corredores de Huamantla, Puebla, la Ciudad de México y otras localidades. Los premios que se otorgan son adquiridos mayormente  con donaciones de don Pascual Anguiano A., una persona originaria del pueblo que vive en Estados Unidos hace 46 años, lo cual da idea de la conjunción de voluntades que entreteje esta fiesta, a la que se acude religiosamente cada año desde lugares remotos.

Algo así como un maratón resulta la noche de San Juan, la noche más corta del año según las efemérides. El pueblo sale a bailar a la plaza al ritmo que llevan dos bandas de aliento que se van alternando gozosamente: pasos dobles, salsas, valses, danzones, foxtrot y baladas. La gente de todas edades y procedencias, porque llegan muchos familiares y amigos de los sanjuanenses, terminan embriagados en varios sentidos: un poco alcoholizados, cansados de tanto guisar, fregar trastos  y servir , también de bailar y enronquecer por el ejercicio de echar porras a los barrios organizadores, San Antonio I y San Antonio II y al santo patrono, San Juan. Como también ha llovido, algunos sacuden sus ropas y nos preguntan a nosotras, visitantes, si hemos visto una fiesta con tantos lienzos de semillas, música de bandas y buena comida. Por supuesto, afirmamos que no.

A manera de epígrafe

La fiesta de San Juan es una de las más importantes celebraciones en el mundo. En el hemisferio norte, de pronto parece que el sol se va a detener y hay que hacer rituales para que siga su curso. San Juan Ixtenco, por otro lado, reúne varias virtudes: ser pueblo de campesinos, artesanos y cocineras, todos ellos extraordinarios en lo que hacen. Ser admitidos para observar respetuosamente el desarrollo de su fiesta y hacer algunas preguntas, fue posible gracias a nuestros conocidos en el pueblo: doña Angélica y su familia de artesanos, las autoridades de turismo y a que los mayordomos de San Antonio I y II nos admitieron, desde aquí les damos las gracias a todos por habernos permitido entrar a su celebración.

Como estudiosos del maíz y su cultura, es importante conocer las comidas especiales de quienes se dedican con tanta paciencia a cultivar la diversidad de maíces nativos que hay en San Juan. Ya en alguna ocasión nos hemos referido (2000) a que recrear la alimentación no es posible sin investigar el contexto en el que se elaboran las diversas comidas. La fiesta patronal que aquí se ha reseñado constituyó una gran oportunidad para asomarnos a la ritualidad que hay de por medio. El atole agrio suele ofrecerse en otras ocasiones especiales como la celebración del Domingo de Ramos, que actualmente se ha convertido en una feria de maíces y artesanías abierta al público. Sin embargo el mole de matuma es propio de cierta festividad y las cocineras del lugar consideran que no tienen por qué compartir su receta. Además de que están en su derecho, la mejor forma de preservar este patrimonio es la comunidad y su fiesta patronal, que demuestran interés y capacidad para  organizar esta fiesta que es un motivo de celebración de su pertenencia a Ixtenco, pueblo otomí orgulloso de serlo. Este es un ejemplo de que las comunidades tienen derecho a mantener el secreto de sus comidas rituales, las cuales se recrean cada año gracias al cultivo de sus ingredientes y a los saberes y formas de hacer de quienes las salvaguardan.

Nota: El Instituto Nacional de Antropología e Historia financió nuestro traslado y viáticos a esta fiesta en 2017. En 2018 se regresó a la feria del maíz de marzo, con presupuesto propio.

 

Bibliografía

Espinoza Briones, Juan (2013) “Nosotros También Mejoramos Semillas, Joven”: Creación y Mejoramiento Campesino de Diversidad de Maíz en Ixtenco, Tlaxcala México. Tesis para obtener el grado Maestro en análisis regional, Universidad Autónoma de Tlaxcala, Tlaxcala.

Instituto Tlaxcalteca de Cultura (2016) Yumhu: Memoria fotográfica de Ixtenco, Gobierno de Tlaxcala, Instituto Tlaxcalteca de Cultura, Secretaria de Cultura, Tlaxcala.

Ramos Galicia, Yolanda (1993) Así se come en Tlaxcala. INAH/Gobierno del Estado de Tlaxcala, México.

 

Inauguración del V Festival de chiles, salsas y molcajetes

Por este medio me permito extenderle una atenta invitación para que nos acompañe a la INAUGURACIÓN del  QUINTO FESTIVAL DE CHILES , SALSAS Y MOLCAJETES el día 30 DE MARZO a las 12:00 hrs., que se realizará en el Ex Convento de Culhuacán.
 
En esta edición la Cocina Tradicional de Tabasco será nuestro invitado especial y la cocina del mar.
EL QUINTO FESTIVAL DE CHILES, SALSAS Y MOLCAJETES,  se llevará a cabo del 30 de Marzo al 2 de Abril del presente, en el Ex Convento de Culhuacán, Monumento Histórico del Siglo XVI, que representa un importante Patrimonio Cultural de gran interés turístico e histórico de la Ciudad de México ubicado en Morelos 10, Iztapalapa, Culhuacán, 09800 Ciudad de México
 
Esperando contar con su presencia, le envío un cordial saludo.

 

XXV Feria del Tamal 2017

Feria del tamal

Día Hora Actividad
Viernes 27 de enero 18:00 h Conversatorio

Entamalando el corazón

Modera: Laura Esquivel

Sábado 28 de enero 13:00 h Demostración

Tamales tabasqueños

Ma. Amparo Trujillo Jiménez

15:00 h Mesa de Diálogo

Modera: Mauricio Avila Serratos

17:00 h Conferencia

La Dieta de la Milpa

Dr. Alejandro Almaguer / Secretaria de Salud

Domingo 29 de enero 13:00 h Narración oral

Cuentos de la milpa

15:00 h Mesa de Diálogo

Modera: Mauricio Avila Serratos

17:00 h Teatro

Las Tandas del Tamal

Lunes 30 de enero 15:00 h Demostración

Tamales Prehispánicos

Mtra. Beatriz Ramirez Woolrich

17:00 Conferencia

El uso artesanal del maíz

Dra. Carmen Morales Valderrama

Martes 31 de enero 15:00 h Demostración

Tamales tabasqueños

Ma. Amparo Trujillo Jiménez

Miércoles 1 de febrero 15:00 h Demostración

Tamales chiapanecos

Clara Aurora Hansen Valdez

Jueves 2 de febrero 15:00 Demostración

Tamales veracruzanos

Leticia Esquivel Hernández

17:00 h Conferencia Clausura

La cocina mexicana. Patrimonio Cultural Inmaterial de la de la Humanidad

Dr. José N. Iturriaga

Cenadurías en Tampico

Las culturas culinarias nos dan identidad

Lo que comemos y la forma en que lo hacemos nos hablan de nuestra historia colectiva, de los caminos que como sociedad hemos tenido que recorrer y que ahora nos unen y nos arraigan a un lugar. La pertenencia, ese amor al terruño, está mediada en gran medida por la comida.

En Tampico la cultura del sabor es amplia y compleja. Hemos ido construyendo platillos gracias a los contactos culturales con el extranjero, pero también con los inmigrantes llegados de otra parte de la República Mexicana. Desde hace más de 500 años, se han elaborado platillos que aprovechan no sólo los recursos del medio que nos rodea, sino que también introducen hábilmente elementos venidos de otros lugares, a causa del intercambio y la conquista.

En épocas recientes, la bonanza de la industria petrolera trajo consigo una nueva ola migratoria que después de la expropiación crearía, junto con los locales, nuevas tradiciones, entre ellas, las culinarias.  Las cenadurías, que también suelen llamarse así mismas taquerías, constituyen uno de los ejemplos emblemáticos de las nuevas tradiciones.

Las cenadurías nacen por la riqueza de la sabiduría de las personas que arribaron a Tampico con sus propios saberes. Fundadas por mujeres y familias organizadas alrededor de una necesidad, proveyeron -y aún proveen- a los tampiqueños de un espacio de convivencia y degustación que ahora es cotidiano.

Situados en los patios de las casas, en sus afueras o en un sencillo local de las colonias populares,  las cenadurías promueven la circulación de información a través de las conversaciones familiares o entre vecinos que comentan las últimas noticias sobre el barrio, refuerzan lazos afectivos y fortalecen las redes sociales comunitarias. 2

Entre las cenadurías que actualmente existen y que tienen una larga tradición se encuentran La Paloma, Lucy, Rosita y Nueva Rosy, (de la misma familia que la cenaduría Rosita), reconocidas por los comensales de Tampico.

La Rosita es una de las primeras cenadurías del puerto, tal y como las conocemos ahora. Ubicada actualmente en la esquina de Altamira y Simón Bolívar, fue fundada por la señora Rosa Laura Rodríguez,  originaria de San Luis Potosí. La señora Rosita provenía de una familia que, en aquella ciudad, se dedicaba a vender garnachas de chile seco, chalupas, taquitos y pollo frito con papas.3

Rosita comenzó a trabajar con otra persona, pero allá por los años cincuenta se independizó y puso su anafre sobre la calle de Simón Bolívar.  A las cuatro de la tarde comenzaba a preparar sus cenas que servía a las seis. Ofrecía tacos con pollo. A los tacos les ponía ensalada y queso.4

Debido a que en San Luis Potosí se maneja la tortilla bañada en salsa de chile rojo, la señora Rosita decide innovar y plantear su propia tortilla colorada. “Tenemos la tradición de la tortilla”, dicen su hijo Raúl Capetillo y su nieto Miguel Ángel Capetillo. Y es porque esta tortilla que se sazona tiene un tamaño y un grosor específicos para hacerla más dúctil. A diferencia de la salsa que se usa en San Luis, en estas tortillas el maíz se mezcla con el chile, la sal y la cal, produciendo una masa colorada. Además, la tortilla es más delgada. Al pintar la tortilla, la señora Rosita innovó tanto en el color como en el sabor.

5

6

Servidos al anochecer, los taquitos “blanditos” fueron aceptados rápidamente por la gente. La característica de estos tacos es su ductilidad y su rápida, pero no fácil, preparación. Para la cocinera resultaba más práctico hacer tacos “blanditos” que dorados, el tiempo de cocción era menor y su manejabilidad más sencilla; sin embargo, como los mismos familiares comentan, es un taco artesanal por el tiempo de preparación que se lleva, desde la elección de la carne hasta la elaboración de la tortilla.7

8

Otro de los platillos ofrecidos tanto en el local original a cargo del señor Raúl Capetillo como en el de su hermano Teodoro (denominado La Nueva Rosy), ahora a cargo del Lic. Miguel Ángel Capetillo y su esposa Amanda Rodríguez, y que son solicitados por los clientes, son los denominados Tacos Playeros que fueron introducidos gracias a su petición. Taquitos dorados, tostadas, sopes, empanadas, flautas, chalupas y pozole son ofrecidos en las cenadurías de esta familia, así como en otras del puerto, en donde también se integran frecuentemente los tamales de picadillo, pollo y puerco.9

10

11

12

Hoy el estilo que difundió la señora Rosita es el que domina en todos las cenadurías tradicionales de Tampico, estilo que las personas que han tenido que marchar fuera de la ciudad añoran, que los abuelos recuerdan con cariño y que permite identificar a una cultura culinaria sui generis surgida de la inmigración y el replanteamiento de una tradición del interior del país.

14

15

Agradecimientos:

Sr. Raúl Capetillo dueño de la Taquería  “Rosita”

Lic. Miguel Ángel Capetillo (hijo del Sr. Teodoro Capetillo ) y Lic. Amanda Rodríguez  de la Taquería “Nueva Rosy” (Calle 2 de Enero esquina con Esperanza)

Fotos de los platillos: Taquería “Nueva Rosy”

16

Lic. Miguel Capetillo y Lic. Amanda Rodríguez

17

Sr. Raúl Capetillo

Texto: Antropóloga Amaranta Arcadia Castillo Gómez (FMA-UAT)

Fotografías: Mtro. Carlos Armando Salas Avendaño (FMA-UAT)

Cuerpo Académico: Musicultura Huasteca.

Comida en la Ofrenda de los Huehuentones

Museo Nacional de Antropología,

23 de octubre de 2016

 A los lectores de este blog de Alimentación en tlecuil les preguntaría: ahora que ya estén muertos, ¿qué les gustaría que les llevaran para aspirar la gracia de sus alimentos favoritos en estos días que se aproximan? Algunos pensarán en bebidas y comidas deliciosas que se encuentran en el mercado “Benito Juárez” de Oaxaca, por ejemplo, chocolate con pan de huevo o unos frijolitos con tasajo y tortillas recién hechas, de ésas de maíz Bolita o de maíz Pepitilla. Otros recordarán los molitos característicos de ese estado: amarillito, coloradito y negro, acompañados de un buen mezcal. Efectivamente, estos alimentos son lo que muchos identificamos como “la comida de Oaxaca”, pero en este rico estado de la República, habitan más de 1 203 150 hablantes de alguna de las 15 lenguas que se mencionan en la Constitución de la República (Datos de INEGI, 2010). Por ello, es el estado más diverso en cuanto a pueblos indígenas se refiere y con mayor número de hablantes de una lengua distinta al castellano.

12En las guías de turistas se reconocen siete regiones cuyos bailes representativos se “ponen en escena” durante la fiesta denominada “Guelaguetza”. Sin embargo, los pueblos indígenas de Oaxaca son más de 18. Consecuentemente, la comida del estado es mucho más rica de lo que indican los medios turísticos y de ello tuvimos una probadita el 23 de octubre pasado, cuando las autoridades y los trabajadores del Museo Nacional de Antropología se constituyeron 3en un gran anfitrión para abrir sus puertas a Huautla. Para lograrlo, se esmeraron en construir un escenario consistente en una casa tradicional, un solar y un retazo de panteón donde recibieron a un grupo de pobladores de Huautla de Jiménez, mejor conocido como Huautla de María Sabina, tierra mágica enclavada en la sierra Mazateca (1934 msnm), al norte de Oaxaca.  

4Junto con la música, a cargo de un grupo de instrumentistas jóvenes (tambor, violines, vihuela, güiro), el incienso y la luz de las 13 velas de cera de abeja, que traen consigo el espíritu e los difuntos, se ofrecieron ricas viandas propias de esta tierra que surge cotidianamente entre nubes y montañas.

Para comprender el contexto de la celebración es fundamental el papel de los huehuentones, que es la manera de llamar a los muertos que regresan, en Huautla. Si bien éste es un nombre de origen náhuatl que se refiere a los viejos, también hay un término en mazateco cha´ so h´o, que quiere decir, “la gente del ombligo”. Ellos tienen permiso de regresar del Más Allá, desde el 26 de octubre al 5 de noviembre; durante esas fechas comparten con los vivos casas, calles, iglesias y panteones (Rubio y Campos, 2016: 16).

5

6De acuerdo con la concepción que han encontrado diversos investigadores, lo que se celebra en Todos Santos es un ritual de retorno, de estrecha relación con el ciclo agrícola: “los huehuentones pueden fecundar la tierra, para renacer en el maíz y los hongos” (Mendoza, 2005 cit. en Rubio y Campos, 2016).

 

78

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9

10

Después de la consagración del altar doméstico y de la limpieza y ofrecimiento de ceras, flores y copal en el panteón simulado, los huehuentones que protagonizaron el rito del retorno en el Museo atravesaron el panteón y danzaron ante la casa. Tras ello, invitaron al público asistente a bailar con ellos, lo cual duró un buen rato.

11

Los rituales del MNA

     Previamente, algunas de las piezas centenarias que guarda la Subdirección de Etnografía en su acervo se llevaron en charolas y plataformas al altar y casa para que ocuparan la función que tuvieron alguna vez, antes de ser colectados. Quizá también ellos hallaron un aliento de vida al convivir con música, copal, velas, flores, danza y con la presencia de tanta gente.12

 

 

 

 

 

13

Éramos más de mil los que asistimos esa tarde de otoño, ya airosa y fría; algunos fueron a recordar la tierra lejana, pues había numerosas familias de Oaxaca que residen en la Ciudad de México; otros asistimos para vernos rebasados por la complejidad del ritual que se posesionó de esa Huautla virtual por más de dos horas.14

El subdirector, los curadores y custodios de las salas del sur de México, de la Subdirección de Etnografía, iban y venían cuidando de todos los detalles: que los huautlecos tuvieran espacio para cumplir con su papel; que aquellos familiares que sacaron artesanías para vender a un lado de la explanada, fueran respetados; que las filas para comer tuvieran orden; que se distribuyeran adecuadamente los folletos que se elaboraron ex profeso para la ocasión.

 

 

1516

 

 

 

 

 

 

 

Los vigilantes del Museo se comunicaban con sus radios para cuidar del flujo general de personas en este respetable y delicado espacio, que es el MNA.

¡A comer!

    Los formamos “en fila india”; éramos cientos de asistentes los que quisimos compartir la comida. Unas diez mujeres, algunas con sus bellos trajes huautlecos y otras con los jeans y camisas ligeras, propias de las asistentes del Museo, nos servían con gran paciencia y puntualidad: atole blanco de maíz agrio macerado por tres días —según nos dijo una de las asistentes—, al que se agregaba un chorrito de pipián entre verde y cafesoso, y unos cuantos frijoles de la olla con lo cual resultaba una bebida fresca, sabrosa y que pesaba en el estómago. El segundo platillo en orden de aparición fueron unos sopecitos con quelites deliciosamente guisados con jitomate y chile verde, que picaban de manera muy sutil. Después seguía el atole con chocolate y masa, y los tamalitos rojos con carne de puerco.17

Al final nos convidaron de un plato con rebanadas de chayote de espina hervidos, lo cual tenía un sabor muy alejado de los chayotes que consumimos en la Ciudad de México: acusaban su origen herbal, pero tenían un ligero sabor a papa o castaña cocida, o tal vez recordaban alguna tierra sembrada de honguitos. No sabría decir si era una verdura de acompañamiento o un postre.

En la ofrenda que se colocó sobre la mesa de la casa había frutas entre las que predominaban plátanos y guayabas, y por ahí me comentaron que había aguardientes frutales de los que sólo se daban probaditas en copitas hechas de caña.

Conforme la música calló y la comida se fue acabando, los visitantes del Museo nos fuimos alejando. En la puerta nos despedimos de las autoridades de Huautla que habían participado, y que respondieron con cierta extrañeza, como si no fuésemos del pueblo de Huautla del que tanto habíamos disfrutado. Al parecer, cada quien se fue rumiando sobre sus propias ceremonias del retorno. Así partimos convocados a la muerte “con sabor” en esta tarde de otoño.

Carmen Morales V.

18