Compartimos con ustedes esta cápsula por Biodiversidad Mexicana, que nos habla sobre los nutrientes y la relevancia de esta bebida en la cultura rarámuri.
Sobreviviendo a la COVID-19 en México: El remedio olvidado.
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) presenta la guía Sobreviviendo a la COVID-19 en México: El remedio olvidado.
Para mayor información sobre la publicación consulte el siguiente enlace de CONABIO:

Descarga la guía aquí:
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Ponencias sobre el maíz 2020
A continuación, compartimos con ustedes las actividades de difusión que se estuvieron realizando:
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12 de noviembre de 2020
IV Congreso Internacional de Etnohistoria de América: El enigma de las otredades americanas
Ponencias: Mesa 10 Cocinas y mestizaje alimentario
De comidas rituales y mestizajes al iniciar el siglo XXI: un Jets´lu´um en Oxutzcab, Yucatán. Carmen Morales V, INAH (Comienza en el minuto 58:47).
La «tradicionalidad» de la alimentación purépecha a través de las fuentes históricas. Catalina Rodríguez Lazcano, Subdirección de Etnografía-MNA (Comienza en el minuto 01:22:09).
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27 de noviembre de 2020
VI Encuentro y Seminario Permanente de Cocinas en México
Ponencia: Mesa Alimentos tradicionales: pasado y presente.
El maíz, orígenes, diversidad, usos y problemáticas de hoy día. Carmen Morales V, INAH (Comienza en el minuto 01:02:17).
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27 de noviembre de 2020
Conferencias magistrales: Las otras realidades de nuestro maíz
Ponencias:
El maíz en el mundo. José Antonio Serratos Hernández, UACM-CCyH (Comienza en el minuto 04:12).
La milpa. Cristina Mapes Sánchez, Jardín Botánico-UNAM (Comienza en el minuto 27:42).
Aspectos culturales del maíz. Catalina Rodríguez Lazcano, Subdirección de Etnografía-MNA (Comienza en el minuto 47:35)
Los usos del maíz, algunas de sus problemáticas y alternativas. Carmen Morales V, INAH (Comienza en el minuto 01:02:17).

Día nacional del maíz, 29 de septiembre
Compartimos con ustedes esta cápsula para celebrar el Día del Maíz, esperamos que apoye la defensa de esta planta que nos convoca a continuar investigando y haciendo por preservarla y acrecentar su reconocimiento, conservación y consumo.
Sin maíz no hay país.
Video grabado en el Jardín Botánico de la UNAM.
Participan:
Dr. José Antonio Serratos Hernández (UACM)
M. en C.A. Catalina Rodríguez Lazcano (INAH)
Dra. Cristina Mapes Sánchez (JB IB-UNAM)
M. en C.A. Carmen Morales Valderrama (DEAS-INAH)
Presentación «Insectos comestibles de México: Una alternativa alimentaria actual» de José Manuel Pino Moreno
Ponencia impartida durante la segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica, el pasado 23 de agosto en la biblioteca Pedro Bosch Gimpera del Museo Nacional de las Culturas del Mundo-INAH, como parte del Tercer Encuentro Gastronómico, Costa de Marfil, sazón y culturas, organizado por el propio Museo.
Presentación Insectos comestibles de México: Una alternativa alimentaria actual
Comida Mexicana. Riqueza biológica, contextos y evolución histórica. Segunda presentación
Carmen Morales Valderrama
María Fernanda Mendoza Yepez

Segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica en la biblioteca Pedro Bosch Gimpera del Museo Nacional de las Culturas-INAH, para el Tercer Encuentro Gastronómico, Costa de Marfil, sazón y culturas. Fotografías de Carolina Guadalupe Rodríguez Rascón.
La segunda presentación del libro se llevó a cabo el pasado 23 de agosto en la Biblioteca Pedro Bosch Gimpera del Museo Nacional de las Culturas del INAH, como parte del Tercer Encuentro Gastronómico, Costa de Marfil, sazón y culturas, organizado por el propio Museo. Fungió como comentarista de la obra la maestra Cristina Barros Valero, quien aportó valiosas apreciaciones y referencias bibliográficas sobre la situación del estudio de la comida mexicana y los avances que representan los capítulos incluidos en este libro.
Además estuvieron presentes dos de los coordinadores del libro, la doctora Cristina Mapes (Jardín Botánico-IB-UNAM) y la maestra Carmen Morales (DEAS-INAH), junto con otros tres de los autores del libro, el maestro Francisco Basurto (IB-UNAM), el maestro José Miguel Pino (IB-UNAM) y la etnóloga Esmeralda Herrera (Proyecto Nacional Etnografía de las Regiones Indígenas de México-INAH), quienes presentaron secuencias de imágenes para reseñar grosso modo sus capítulos del libro, y que más adelante estaremos subiendo a este blog.
A continuación retomaremos algunas palabras de la maestra Carmen Morales a propósito de la comida mexicana como patrimonio cultural inmaterial y los planes de salvaguarda que se han formulado sobre este nombramiento.

Conferencia para la presentación del libro con las coordinadoras la maestra Carmen Morales, la doctora Cristina Mapes y como presentadora la maestra Cristina Barros. Fotografías de Carolina Guadalupe Rodríguez Rascón.

Ponencia de uno los autores del libro el maestro José Manuel Pino. Fotografías de Carolina Guadalupe Rodríguez Rascón.

Ponencia de uno de los autores del libro el maestro Francisco Basurto. Fotografías de Carolina Guadalupe Rodríguez Rascón.

Ponencia de una de las autoras del libro la etnóloga Esmeralda Herrera. Fotografías de Carolina Guadalupe Rodríguez Rascón.
La cocina mexicana como patrimonio cultural inmaterial
El 16 de noviembre de 2010 en la ciudad de Nairobi, Kenia, la Cocina Mexicana entró a formar parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. El gobierno mexicano había presentado antes una candidatura en el año 2005. En esa ocasión la petición de inscripción fue la comida mexicana y el maíz como eje de la misma. La presentaron el INAH, el Conalmex (Comisión Mexicana de Coperación con la UNESCO) y la Secretaría de Relaciones Exteriores, pero entre las empresas que impulsaron el cabildeo para su inclusión, como lo ha hecho ver el Dr. Guy Rozat (Rozat, (2012: 104-105), jugó un papel importante GRUMA, la empresa productora de harina de maíz y tortillas con operaciones en 112 países y 75 plantas en operación.(www.gruma.com/es/somos-gruma/presencia-global.aspx?sec=1051).
La propuesta ganadora, la de 2010, fue elaborada por otro grupo, al frente del cual estuvo la asociación denominada Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana presidido por la señora Gloria López Morales. El objetivo propuesto fue rescatar, salvaguardar y promover “La Cocina Mexicana Tradicional: Cultura ancestral, comunitaria y vigente: El paradigma de Michoacán”. El que Michoacán se eligiera como ejemplo se debió a que la UNESCO demanda un estudio de caso de preservación y exige la firma del grupo de las portadoras de las tradiciones que se pretenden salvaguardar. En otras palabras, se requiere un núcleo social que proponga la salvaguarda y que la impulse con acciones articuladas en un programa.
Una vez que la UNESCO aprobó esta inscripción, se debió dar un seguimiento para constatar que la comida mexicana está siendo objeto de un rescate, registro, acciones conjuntas para su preservación y seguimiento de su desarrollo. Como resultado de varias búsquedas en internet se encontró que se han llevado a cabo seis encuentros organizados por el Conservatorio, estos han tenido lugar en Acapulco 2013, Puebla 2014, Ciudad de México del 2015 al 2017, Long Beach California 2018 y el séptimo está previsto en Mazatlán, Sinaloa.
Al dar seguimiento a las acciones de este Conservatorio no se encuentran testimonio de investigación y salvaguarda de la comida mexicana sino más bien la participación de restaurantes, hoteles, cadenas alimentarias y promotoras turísticas en los mencionados encuentros el objetivo es difundir la comida mexicana en México y en el extranjero. En un artículo poco conocido de Rubín de la Borbolla (2013) se mencionan elementos de lo que pudiera ser un Plan de salvaguarda para que las cocinas tradicionales de México tengan una participación, sin embargo, es un documento que no se ha circulado sino de manera restringida.
Por nuestra parte, tras analizar las implicaciones de un nombramiento de esta índole y preocupados por su aplicación, un grupo de investigadores de distintas disciplinas, con afinidad en el estudio de la alimentación en México conformamos el Seminario Cultura y Alimentación (DEAS, 2011) y convocamos a un coloquio en 2012. La enumeración de los recursos biológicos y las técnicas de aprobación y procesamiento de los mismos fue uno de los grandes objetivos de este encuentro. Además, la presencia del historiador G. Rozat nos hizo ver que la cocina mexicana no es estática ni permanece ajena a la vida social y económica del país, sino que evoluciona, como todo hecho social a la par que la sociedad cambia.
El libro que nos congrega hoy es el primero que se logra por parte del Seminario. Aunque tardó cinco años en salir, sobre la marcha hemos sacado de la demagogia discursiva en que se han ido confundiendo términos como biodiversidad, trilogía alimentaria maíz, frijol y chile, considerados los componentes ancestrales y básicos de la multicitada comida. Ahora sabemos, gracias a los investigadores que honran este libro, que los quelites, las aves, peces y otros productos del sistema lacustre que existió en la Cuenca de México y que aún se pueden conocer en épocas de lluvia cuando se consiguen el ahuahutli en Iztapalapa y algunos pescados y batracios en Xochimilco y Tláhuac, son parte de esa comida ancestral que se ha ido empobreciendo por el agotamiento de los recursos naturales. También se constata una gran cantidad de insectos, hongos, flores y animales silvestres que todavía son fundamentales en el consumo de las comunidades rurales y semiurbanas de este país. El enunciado “diversidad” cobra vida al entrar a cada uno de los capítulos del libro e invita a conocer y gustar más allá de las cadenas restauranteras y grandes negocios de alimentos, lo que es la comida mexicana.
De igual forma los invitamos a la Feria Internacional del Libro del Estado de México, el jueves 3 de octubre a las 14 horas, en donde también estará presente el libro Comida Mexicana. Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.
Referencias:
Sol Rubín de la Borbolla. (2013). Voces y raíces de la Identidad 10 años de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial: Avances y Perspectivas. 97-107.
Guy Rozat. (2012).Patrimonio inmaterial. Ámbitos y contradicciones. 104-105.
Presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica
Carmen Morales Valderrama
María Fernanda Mendoza Yepez
Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH

Cartel de la segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica, en el Museo Nacional de las Culturas-INAH.
Primera presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica
El 29 de junio nos reunimos en el auditorio que fue dedicado al que se considera el primer etnógrafo en tierras americanas, Fray Bernardino de Sahagún, que funcionó por muchos años como recinto de asambleas y recepciones profesionales para los estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología, lo que nos trae muchos y significativos recuerdos a los egresados hasta el año de 1979, cuando la escuela se cambió de lugar. Esto lo consideramos un privilegio que debemos a los buenos oficios de la Subdirección de Vinculación de la Coordinación Nacional de Antropología, desde luego a la doctora Paloma Bonfil y a las maestras Noemí Cadena y Adriana Medina.
En este 2019 se están celebrando los 80 años de fundación del Instituto y en ese marco cabe recordar cómo se han ido forjando estos espacios de trabajo que son los seminarios y en particular el Seminario Cultura y Alimentación (DEAS) que se fundó en el 2011 y que felizmente ha dado a luz el libro Cocina Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica cuya presentación tenemos el honor de celebrar.
La dinámica de trabajo que se ha llevado a cabo consiste en que los integrantes del seminario se reúnen cada mes para comentar lecturas, escuchar ponencias, que son producto de investigaciones que están en curso o que se han concluido ya sea en la propia DEAS o en instituciones afines, pero que inciden en la temática central del seminario. Se organizan anualmente ciclos de conferencias o encuentros académicos como “Estrategias ante el hambre” que se llevó a cabo el 1 julio de este año en la sala Guillermo Bonfil de la Coordinación de Antropología.

Fotografía de los autores y comentaristas del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografías de la recepción y venta del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.
Los orígenes de este libro están en la organización del Simposio Cultura y Alimentación en México, que tuvo lugar en mayo de 2012, en el cual los asistentes coincidimos en que fue positivo el nombramiento de la cocina mexicana como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad (UNESCO, 2010) porque abriría las puertas para dar una visibilidad a esa comida y a sus protagonistas: las cocineras tradicionales de las comunidades rurales, de los barrios y otros lugares de consumo alimentario. También pensamos que reforzaría la preservación del patrimonio biocultural que está en la base de los alimentos. Sin embargo, el surgimiento de restaurantes dedicados a la cocina gourmet mexicana, los festivales que se organizaron en Morelia y otros lugares de encuentro gastronómico financiados oficialmente hicieron pensar que los favorecidos con la declaratoria más bien han sido agentes que cuentan con medios de difusión, apoyos gubernamentales y privados para presentar, como en un escaparate, la folclorización de determinados platillos, dejando en la marginalidad la producción y los productores de alimentos de las regiones y contextos sociales de donde surgen las cocinas tradicionales.

Fotografía de la presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica.

Fotografías de las autoras Edelmira Linares (izquierda) y Esmeralda Herrera (derecha).

Fotografía de Yuriria Iturriaga recibiendo su constancia por participar en la presentación.
¿Cómo retomar desde sus raíces la comida mexicana?
La respuesta con la que se ha orientados esta obra es: investigando y difundiendo sus bases biológicas y el aprovechamiento de estos recursos por parte de las comunidades en el sentido de cómo se organizan para recolectar, cazar, y cultivar en diferentes contextos ecológicos y culturales; por otra parte elaborando análisis etnográficos sobre qué saberes están de por medio y qué modos de hacer permiten su transformación en comidas y bebidas nutritivas.
Por otro lado, los historiadores nos han mostrado en general y en este libro en particular, incluido los artículos de Guy Rozat que se encuentran en este Blog: Los cambios alimentarios en Jalapa propiciados por las guerras de Independencia (2015,Octubre); El abasto de Carne en Xalapa a fines del siglo XVIII (2016, Abril); Modelos para el consumo del pan en Xalapa a fines de la Colonia (2016, Abril); Alimentación, comida, cocina y gastronomía (2016, Abril) el cómo la comida mexicana tiene un devenir histórico que es rescatable desde los códices del México antiguo, pasando por los recetarios y otros registros de los siglos XVIII y XIX hasta las modernas enciclopedias y recetarios en línea que hoy abundan. La historia económica y cultural de cada región, sin duda, influyen en su alimentación.
Con estos antecedentes los invitamos al Tercer Encuentro Gastronómico, Costa de Marfil, sazón y culturas, que tendrá lugar en el Museo Nacional de las Culturas-INAH. Allí realizaremos una segunda presentación del libro Comida Mexicana: Riqueza biológica, contextos y evolución histórica el 23 de agosto a las 16:00 h, en la Biblioteca Pedro Bosch Gimpera.
Los esperamos.
La fiesta de San Juan Ixtenco, Tlaxcala: los alimentos rituales
La fiesta de San Juan Ixtenco, Tlaxcala: los alimentos rituales
Carmen Morales Valderrama
Dirección de Etnología y Antropología Social-INAH
Al llegar a San Juan y recorrerlo en estos días, nos sorprenden los maíces con su verdor de junio. El poeta Salvador Novo lo ha dicho: “saludan con sus bracitos rotos, aunque aún no relucen los copetitos amarillos, pues se sembraron hace dos meses o un poco más, todavía son pequeños como niños”[1] (figura 1). En este pueblo de maiceros es raro ver un terreno, sea en medio de las casas o en las tierras que lo rodean, que no esté sembrado, como puede observarse en las imágenes.
Por ser el día de San Juan, que está vez cayó en sábado, la lluvia sólo se detuvo por la mañana para que los integrantes de la comunidad y los artesanos contratados para la fiesta llevarán a cabo sus tareas: elaborar las alfombras de aserrín que cubren las calles principales por las que pasará la procesión; guindar hiladas de primorosas banderillas de papel recortado o de plástico que cruzan la calles de un lado a otro y que varían según el gusto de los vecinos que se pusieron de acuerdo para adornar.
[1] La siembra de maíz es en el mes de abril e inclusive a principios de mayo, según nos comentó doña Guadalupe Baltazar, cronista del pueblo.



En la calle principal, que llega a la puerta de la iglesia, pueden distinguirse tres arcos y tres tipos de papel o plástico recortado, que culminan en la reja de la iglesia y en la puerta, adornadas a su vez con otros dos arcos. En uno de los lienzos se ven los principales temas del pepenado, que es el tipo de bordado característico, orgullo de los sanjuanenses.
Junto a la puerta principal de la iglesia se instalaron dos grandes lienzos, así llamados en el pueblo, elaborados con semillas. Una corresponde a la Virgen de Guadalupe y otro a San Juan. La diversidad y cantidad de semillas empleadas en estas obras de arte puede apreciarse en algunas de las imágenes También en la capilla dedicada a San Juan, que se encuentra a un costado del parque, se puso un lienzo muy artístico en el que se representa a Jesús Nazareno cuando lo bautizó Juan el Bautista. Aquí destacan cinco tipos de maíz que son de lo más apreciados por los cultivadores de Ixtenco y también llama la atención el movimiento de las aguas, simulado con maíz azul, que se logró con gran maestría. No hay un cálculo sobre la cantidad de maíces especiales que se usan para los lienzos, pero sería conveniente hacerlo. Sus fieles acompañantes son otras semillas: chía, frijol, calabaza, alverjòn, mijo, arroz, linaza, amaranto y granillo (una gravilla blanca).


La elaboración de artesanías de totomoxtle, de bonitas piezas de bisutería que se venden ahí mismos, así como de las bebidas y comidas especiales de la fiesta de San Juan, son los principales usos del maíz que con tantos cuidados se cultiva todo el año. Aparentemente, para hacer tortillas se recurre a la compra de maíz que llega de otros lugares.
La fiesta de San Juan comprende varios días, lo cual puede verse en las mantas del Palacio Municipal y en los programas que se pegan en la puerta de la iglesia. Esta vez principiaron el 16 de junio y concluyeron el 1 de julio. Para quien quiera informarse del programa también se encuentra una dirección en internet: http://enterate.sndigital.mx/secciones/agenda-del-dia/5409-programa-de-feria-ixtenco-2017
Durante ese período festivo prácticamente todo el pueblo se organiza para que haya gran lucimiento en las calles, las iglesias y las casas. Durante el día son las procesiones y misas, precedidas por el repiqueteo de campanas, el olor de vistosos gladiolos rojos y los cantos de los devotos y aires de las bandas las que imponen el sentido religioso de la fiesta; por la noche se programan una serie de espectáculos: música de bandas de viento y también de bandas gruperas que amenizan los bailes. La quema del castillo, el torito y el baile de “la matachina”, son otro espectáculo esperado.
En las procesiones se lleva al frente la imagen pequeña de San Juan en un nicho llamado “El Águila” y otra persona de la mayordomía lleva “El Plato” con la “Concha”. También se carga un borrego pequeño y le acompañan ceras, flores y el huéhuetl que marca con su sonido profundo los cantos religiosos en español. A la mayordomía pueden entrar todos los que viven en el barrio al que le tocó la fiesta, de manera que son muchos compadritos y comadritas los que se proponen aportar su dinero y trabajo para el gran lucimiento de la festividad. Sin embargo hay mayordomos principales y diputados, que son los que dan las mayores aportaciones a la fiesta. Igualmente, hay personas, sobre todo de avanzada edad que no pueden dar una cuota fija, pero que asisten el mero día de la fiesta y en la octava, a dejar su aportación y recoger sus tamales, atoles y guisos ceremoniales. Esta vez han sido dos barrios: San Antonio I y San Antonio II, los que se han hecho cargo y que en algunos momentos entran en competencia para brindar lo mejor, tanto en comida como en música y atenciones al pueblo y sus invitados.
Las comidas ceremoniales
De las comidas especiales que se usan en estas fiestas patronales destacan el atole y los tamalitos que se dan durante toda la novena que se dedica a San Juan. Como visitantes tuvimos oportunidad de probarlos, gracias a los mayordomos principales de San Antonio I, al concluir la primera misa del día 24, que es la que mensualmente se dedica a San Juan. El atole está hecho con maíz morado o negro y su elaboración es muy cuidadosa: primero se remoja el maíz y después se muele, se cuela varias veces, ya sea con una tela muy fina o con tela de bolsa de plástico, se deja fermentar y después se condimenta con canela y piloncillo, a veces se le agrega azúcar. Su color y sabor son originales, con un ligero agrio y de consistencia fina. Los tamalitos de maíz llevan un molito rojo La forma tradicional de servir el atole agrio es en un plato hondo como escudilla, cajete, agregando frijoles ayocotes o habas cocidas, pero al haber cientos de visitantes durante la fiesta patronal, se sirven en un vaso de unicel generalmente solo. Los tamales de la mañana sí tienen carne, pero los del medio día son aplanados y largos, sin carne (“tontos”).
El cómo se elabora el mole de matuma, también llamado de ladrillo debido a su color, y que se reconoce como la comida de los mayordomos, es un secreto de las mujeres de la mayordomía y prefieren conservarlo así pues consideran que es algo muy especial de su pueblo y no desean compartirlo con “gente de fuera” Informalmente se nos dijo que es un caldo de res con chile, espesado con maíz y que lleva otros condimentos. Alguien comentó que se consume una res entera y una vez que el matuma está listo (a las once de la mañana, más o menos), el primer plato que se sirve se ofrenda en el altar de San Juan que se ha dispuesto cuidadosamente en casa de los mayordomos, por supuesto que se ofrendan a la vez tortillas, blancas y grandes, envueltas cuidadosamente en una servilleta bordada. Esta comida también se acompaña con unos tamales llamados “tontos” porque no tienen carne ni mole, sólo llevan manteca y anís, además su forma es larga y delgada comparada con otros.
En San Juan se conserva la tradición de hacer atoles con diferentes maíces, uno es el blanco que se elabora con maíz cacahuacintle con azúcar y canela y otro el atole de maíz, que se prepara con maíz rojo.
Más espacios de encuentro
La carrera en honor de San Juan, que comprende 12 kilómetros y se lleva a cabo el día 25, lo organiza el Club Atlético de San Juan y es muy importante porque asisten corredores de Huamantla, Puebla, la Ciudad de México y otras localidades. Los premios que se otorgan son adquiridos mayormente con donaciones de don Pascual Anguiano A., una persona originaria del pueblo que vive en Estados Unidos hace 46 años, lo cual da idea de la conjunción de voluntades que entreteje esta fiesta, a la que se acude religiosamente cada año desde lugares remotos.

Algo así como un maratón resulta la noche de San Juan, la noche más corta del año según las efemérides. El pueblo sale a bailar a la plaza al ritmo que llevan dos bandas de aliento que se van alternando gozosamente: pasos dobles, salsas, valses, danzones, foxtrot y baladas. La gente de todas edades y procedencias, porque llegan muchos familiares y amigos de los sanjuanenses, terminan embriagados en varios sentidos: un poco alcoholizados, cansados de tanto guisar, fregar trastos y servir , también de bailar y enronquecer por el ejercicio de echar porras a los barrios organizadores, San Antonio I y San Antonio II y al santo patrono, San Juan. Como también ha llovido, algunos sacuden sus ropas y nos preguntan a nosotras, visitantes, si hemos visto una fiesta con tantos lienzos de semillas, música de bandas y buena comida. Por supuesto, afirmamos que no.
A manera de epígrafe
La fiesta de San Juan es una de las más importantes celebraciones en el mundo. En el hemisferio norte, de pronto parece que el sol se va a detener y hay que hacer rituales para que siga su curso. San Juan Ixtenco, por otro lado, reúne varias virtudes: ser pueblo de campesinos, artesanos y cocineras, todos ellos extraordinarios en lo que hacen. Ser admitidos para observar respetuosamente el desarrollo de su fiesta y hacer algunas preguntas, fue posible gracias a nuestros conocidos en el pueblo: doña Angélica y su familia de artesanos, las autoridades de turismo y a que los mayordomos de San Antonio I y II nos admitieron, desde aquí les damos las gracias a todos por habernos permitido entrar a su celebración.
Como estudiosos del maíz y su cultura, es importante conocer las comidas especiales de quienes se dedican con tanta paciencia a cultivar la diversidad de maíces nativos que hay en San Juan. Ya en alguna ocasión nos hemos referido (2000) a que recrear la alimentación no es posible sin investigar el contexto en el que se elaboran las diversas comidas. La fiesta patronal que aquí se ha reseñado constituyó una gran oportunidad para asomarnos a la ritualidad que hay de por medio. El atole agrio suele ofrecerse en otras ocasiones especiales como la celebración del Domingo de Ramos, que actualmente se ha convertido en una feria de maíces y artesanías abierta al público. Sin embargo el mole de matuma es propio de cierta festividad y las cocineras del lugar consideran que no tienen por qué compartir su receta. Además de que están en su derecho, la mejor forma de preservar este patrimonio es la comunidad y su fiesta patronal, que demuestran interés y capacidad para organizar esta fiesta que es un motivo de celebración de su pertenencia a Ixtenco, pueblo otomí orgulloso de serlo. Este es un ejemplo de que las comunidades tienen derecho a mantener el secreto de sus comidas rituales, las cuales se recrean cada año gracias al cultivo de sus ingredientes y a los saberes y formas de hacer de quienes las salvaguardan.
Nota: El Instituto Nacional de Antropología e Historia financió nuestro traslado y viáticos a esta fiesta en 2017. En 2018 se regresó a la feria del maíz de marzo, con presupuesto propio.
Bibliografía
Espinoza Briones, Juan (2013) “Nosotros También Mejoramos Semillas, Joven”: Creación y Mejoramiento Campesino de Diversidad de Maíz en Ixtenco, Tlaxcala México. Tesis para obtener el grado Maestro en análisis regional, Universidad Autónoma de Tlaxcala, Tlaxcala.
Instituto Tlaxcalteca de Cultura (2016) Yumhu: Memoria fotográfica de Ixtenco, Gobierno de Tlaxcala, Instituto Tlaxcalteca de Cultura, Secretaria de Cultura, Tlaxcala.
Ramos Galicia, Yolanda (1993) Así se come en Tlaxcala. INAH/Gobierno del Estado de Tlaxcala, México.








































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